Archive for the ‘Sin categoría’ Category

Objetos

ago
5

O decirte, por ejemplo, el domingo es un demonio sucio caminando sobre un cielo de estrellas congeladas, a razón de ocho kilos menos cada dos semanas, con los huesos aletargados y el tuétano ardiendo, aún y cuando se encienden las farolas entre ventanas, perdiendo la respiración en cada humo, en cada fotografía hecha careta en el teatro del tiempo; seguir hablando sin hablar, golondrina de escarcha en el vaporoso devenir de un verano en el que las dunas de asfalto sudan su alquitrán.

La estupidez del ladrillo vetando paisajes en los que antes hozaba como una larva nictálope, decirte, deciros, ya sabes, que no todos somos iguales afortunadamente. Pese a todo creciendo igual a una serpiente en un agujero, ojala los ratones sean ellos, qué orgía de sangre y semen si todo estallara pronto, ahora que los meses son demasiado largos.

O proponerte la continuación de algo húmedo y cerrado en un sótano en el que se rancia el vino, contagiándote de mi hiperrealismo surrealista, sin más pistas que seguir que meros órganos, pedazos humeantes de cuerpos en las aceras en otra puta campaña estival de terror y miseria que nadie entiende, engordando el gasto social de un país ya de por sí esquilmado; quién pudiera, rodeado de volcanes como aquél chileno venerable, poder decirte, poder cantaros, “arder, huir, como un campanario en las manos de un loco”; quién pudiera pasar de largo, no mirar los ojos de los niños adheridos a los cristales de escaparates ostentosos, o simplemente, observarte entre murciélagos, rodeada de todas las vocales, con los cipreses a un lado y detrás la tapia que da a la luna, al esqueleto abyecto de un edificio, a la frenética danza de insectos, etc.

O por qué no hablarte de las quimeras, gotas de sangre en la espalda, en un sueño hace tiempo, una imagen onírica más vieja que nosotros, apuñalando incesante las venas henchidas de sirenas, de una añeja música etérea que adolece abandonada en la memoria de mi nombre, hecho de escombros, de verbos desahuciados, ya sin labios, escupiendo Napalm.

Hablarte de los corazones de columpio imbécil de los hombres, balanceándose vacíos en un parque sin niños. Susurrarte sin voz, todo manos y sexo urgente, a la deriva, en el océano de la existencia evitando sus márgenes fríos.

David Omsk 07-08.

Agarrado por los huevos

ago
5

No dormía, solo pensaba con los ojos cerrados, estirado en la cama demasiado pequeña, con los sobacos mojados de sudor, buscando imágenes en la oscuridad tras el telón de los párpados. Sólo había doscientas pesetas en mi cartera vieja, un carné de identidad arrugado al que se le levantaba el plástico y una tarjeta de la seguridad social manchada, con una raja en la parte de arriba. Me preguntaba en silencio cómo lo habían conseguido todos esos escritores, vivían en casas lujosas con vistas al mar, vendían miles de ejemplares de sus novelas, relatos o poemas, sin duda tenían estudios, habían hecho carreras, conocían a gente importante que les había abierto las puertas, cenaban en restaurantes caros, agua caliente, alcohol decente, mujeres guapas de piernas largas, buena publicidad para sus obras, cheques de seis cifras incluso antes de ponerse a escribir… Yo leía mucho, buscaba la fórmula del éxito en aquellas obras, pero no la encontraba, muchas me parecían una tarta de mierda con nata por encima y caviar y azúcar glasé. La mayoría de mis autores preferidos habían sido unos perdedores, borrachos, suicidas, neuróticos, enfermos, exiliados, eso sí, elogiados después de muertos. Yo no tenía ni siquiera el graduado escolar, me duchaba con agua fría e intentaba no tropezar con las baldosas amarillas, levantadas, que se movían como si estuvieran vivas.

Todo el mundo conocía a alguien que podría publicarme, prometían ayudarme a conseguirlo, pero eso nunca sucedía. No sabía escribir a máquina, ni siquiera poseía una, lo hacía a bolígrafo en cuadernos cuadriculados, poesía, relatos cortos… Mis lectores eran un puñado de amigos a los que les parecía bien mi visión del mundo. Una amiga, pintora, opinaba que yo era el mejor poeta de todos los tiempos; a mí también me parecían muy buenos sus cuadros, y no era cortesía. Esperábamos salir del agujero algún día mientras pasaba el tiempo y salían soles y lunas y días nublados. Yo no tenía trabajo aunque si muchos vicios, así que me duché y me fui a buscar algo, me tenían agarrado por los huevos, ellos habían ganado de momento.

David Omsk 07-01

Nadie

jul
29

Nadie con quien acabar la noche,

Nadie con quien compartir pasos

Descalzos, zozobrantes sobre la alfombra,

Ni la limosna de unas manos

Ni el glorioso sonido de una lata

De cerveza abierta a golpe de índice.

Nadie, solo el monstruo de uno mismo

Haciendo muecas monstruosas frente al espejo

Solo la noche como una vacía nevera abierta,

El tiempo detenido al otro lado de la ventana

El sonido perpetuo de los gorriones bajo el pecho,

Solo eso, sudando instantes como vidas

Girando inútiles bajo farolas en calles vacías.

Nadie que te encienda con sus reproches

Que te repruebe tu actitud suicida,

Sin embargo hay algo perenne en el abandono,

Algo que siempre está pese a que todo pasa

De largo después de mirar un rato a la jaula del mono,

Algo con nombre de mujer que huele a hombre solo,

Quizá esa arpía pugilística a la que algunos llaman poesía

Y no es más que necesidad fisiológica

Solo Tú y tus circunstancias de tinta en la página en blanco.

David Omsk 07- 2010

La primera

jul
26

Acariciando el clítoris de tu alma,
hasta que las estrellas de tu pelo
gritan mi nombre y llueven
espasmos azules de tus ojos,
observo cómo te conviertes
en serpiente de sábanas
mientras suenan campanas calientes,
y el rinoceronte de la noche
cae desmayado en baldosas etéreas,
y la luna es un espejo de suelo y distancia,
y crece mi arrogancia porque tu piel mengua
bajo el húmedo idioma de la lengua que te celebra.
Porque hay mucho que morder
y tan poco que decir,
hambre de ti sin apenas ruido,
sólo gotas saladas temblando
como labios urgentes,
sólo sonidos de turgencia y éxodo
perdidos en el cristal fragmentado
del silencio que resbala por tu piel extenuada
como un anuncio de sueño o suave brisa
en los párpados cerrados.
Pienso en cuanto he callado por conocerte,
y por hacerlo de nuevo,
volvería a esa oscura morada
de palabras sin nombre ni dueño,
en donde yacía apenas existiendo.
Eso ya no importa,
ahora todos los océanos de la sangre
vuelven a fluir con nuevos vértigos
sin atisbos de derrota.
Ahora las manos perseveran
y se diluyen en vastos horizontes de instinto
donde el tacto pelea con el tiempo,
resolviendo enigmas que sólo el azar conoce.

David Omsk 08-06

¿Qué coño estaís mirando?

jul
14

Me disfracé de poeta

Y acudí al evento,

Un estúpido local

Con fluorescentes

En el techo, un lugar

Terrible en el que morir

Sin barra a la vista

Solo sillas y aspirantes

A idiota esperando

Algo que colgar

En la red,

Pero el pescado

Ya estaba en mi nariz

Mucho antes

Y desde luego

Solo un imbécil

Mordería el anzuelo

De los elogios,

Eso era una de las

Pocas cosas malas

Que yo no era,

Así que cuando

Me quité la chistera

En lugar de palomas

O poemas volaron

Buitres leonados

Entraron entusiasmados

Y salieron con la noticia

De que Mickey Mouse

Y Klaus Kinski habían

Montado un bar

En Santa Mónica.

David Omsk 01-2010

Este tipo debe de estar muy mal.

jul
14

Ese tipo debe de estar muy mal,

Ha escrito cuatro poemas sin pestañear

Y el teclado todavía arde

Deberían de denunciarlo por

Algo, montar un cadalso y

Deshacerse de El públicamente.

¿Quién aguantaría otra ración

De su fiebre, del desacato

Del que hace gala?

Además va a acabar con

Toda la cerveza y con todas

Las cabezas, va a drogar

A la camarera, va a empezar

A destrozar cosas en cualquier

Momento como un gigante inepto.

Va ha hacernos vomitar con

Sus diatribas barrocas, a ponernos

Moscas en la sopa al descuido.

No veis que ha venido sonriente

A envenenarnos los oídos,

Que alguien haga algo,

Ese cabrón es un campo minado

Que tenemos que cruzar

Para volver a casa,

Que lo apuñalen por la espalda

En un callejón de langostinos,

Que vuelvan a coserle el ombligo,

Que le tapen con cemento-cola

La pituitaria, o va a esnifarse

Hasta al alcalde,

Que le den una fregona

Y un balde y lo pongan

A limpiar mazmorras

Su Sodoma y su Gomorra

Son demasiado incómodas.

David Omsk 01-2010

LA VIGA EN EL OJO AJENO

jun
15

Ves los corazones de columpio imbécil de los hombres,

su danza de músculo y sangre,

inútiles bajo la piel, la ropa,

máquinas caducas de ceniza y óxido,

y un himno derrotado clama al polvo

desde las baldosas líquidas,

amarillas más de polen que de huellas,

en una primavera a intervalos,

cada dos días invierno,

y entiendes su derrotado latir en las aceras,

intentando revertir el tiempo.

David Omsk 04-08.

Llenando el Hueco.

may
28

Intentando llenar el hueco, han surgido, Palíndromos de nadie refulgiendo

Ostentosos en el fosfeno de unos párpados cerrados,

Esencia última de una luz que no volverá más todavía existe,

Memorias de alpiste en el descarnado cráneo de un pájaro muerto

Y aún volando, observando desde lo alto cobardes erguidos

Como suricatos, auscultando el aire en busca de amenazas hereditarias,

A los más altos achaparrándose iguales a Stlaniks al llegar la noche Siberiana,

A las más guapas engordando, meras cerdas, en las corralizas del matrimonio,

A los declarados cuerdos tirar colillas al pasto, como retrasados mentales incendiando

Campos sólo porque el cine Americano recomendaba un cigarro después del sexo,

Las casas baratas desde lo alto, la frenética actividad de los barrios

Marginales durante la noche, descubriendo que la pobreza padece de insomnio,

He leído posado en una rama una frase escrita con spray rojo en la fachada

Del Ayuntamiento: “Sentado en una nube la urbe no parece tan perversa”

Y ha vuelto ha volar el pájaro, cicatrices de alas hendiendo el aire,

La delgada línea de la noche alzándose en armas contra el tiempo

En las periferias, perros de nadie mordiendo silencios

Germinando lentamente en ecos que, como todo, terminan por apagarse

Treinta aleteos más y habré llenado el hueco, trina el pájaro

A su sombra evanescente sobre el pavimento, que corre entre los coches

Y desaparece en los huecos lacrimógenos de las farolas al ganar altura.

Veintinueve aleteos y habré llegado a la Luna piensa el fantasma del pájaro

Y no hay nieves ni brumas mas transparentes que su deambular sonámbulo

Ese pretender y no poder porque la actitud se pudre y pierde

Una liendre en el cabello de un naufrago, un apreciar algo sin poder

Llegar a amarlo, una soledad a la deriva como la tuya

Feroz estroboscopia de nubes que no prostituyes

Porque no son tuyas y sin embargo te pertenecen,

Lejos de las aceras que lucen sus estandartes de orina en la esquinas.

Y de la hora feliz y sus mentiras embotelladas,

Veintiocho, veintisiete, veintiséis, veinticinco, veinticuatro,

Ya casi bastante lejos como para que no huela a hombre,

Los tejados solo labios implorando clemencia al cielo,

Apenas la incoherente mancha universitaria de un jueves por la noche,

Las mentiras para combatir el frío de los mendigos subiendo como humo

De los parques públicos, las copas de los árboles como ojos, allá abajo,

De donde te gustaría alejarte para siempre, te mientes y subes,

Subes como el sueño de un misántropo, veintitrés,

Que algarabía marítima, desordenó los matices del cielo y lo volvió todo negro,

Veintidós, veintiuno, ya no ves nada, ya no queda selva

Que puedan escrutar los leones negros de tus ojos, ya no queda oxígeno,

Caes, el desenlace era inevitable aprendiz de ICARO,

Veinte, diecinueve, dieciocho, dieciséis, quince, catorce, trece, doce,

Metros para llegar al suelo, once, diez, nueve, ocho,

Impacto inminente, sonido de sirenas, repiqueteo de campanas

En una iglesia cercana, siete, seis, cinco, cuatro,

El suelo acercándose, donde siempre estuvo, tres, dos, uno

Solo, sentado en el suelo, un pájaro de vómito entre las piernas.

David Omsk 02-2010

DESPERTAR

may
24

Me he levantado con

los pies envenenados,

Apurando distancias

Imposibles a grandes

Zancadas como un oso

De aire o un albatros.

He pensado: “hoy es el día

En que me acercaré

Un poco

A lo que quiero ser,

A lo que me apetece

Morder con violencia”

He mirado hacia el suelo,

El pie izquierdo estaba

Ligeramente escorado

A la derecha, y entre

Las baldosas una hendidura

Me hablaba de ti

De mí, de las molduras

Tristes de una habitación.

¿Fue en Honduras donde

Recibiste tu primera

Extremaunción, o fue

En Santo Domingo, cerrando

Los ojos frente a un libro?

Hay cosas de las que uno

Ya no puede acordarse.

La poesía volvió cuando

Te fuiste, eso si lo recuerdo,

Algo parecido a un piano

De cola apagándose,

Una manera inmejorable

De finiquitar el día,

El sol de la tarde

Entrando a raudales

Por la ventana abierta,

La persiana arrancada

De cuajo, dos metros

Mas abajo, sobre el

Césped del jardín.

David Omsk 01-2010

La solista

may
21

Cuando bajé de comprobar que mi coche continuaba intacto, escuché la extraña canción; al principio, pensé que la cantaban unos gitanos que subían por las escaleras de hormigón hacia el mirador, comprobé con un giro de cabeza hacia ellos, que la melodía distorsionada no provenía de sus gargantas mientras seguía bajando por la carretera, ya que el sonido me sorprendió desde otro ángulo, entonces la vi, era una señora mayor, que tras unas rejas negras, que protegían la ventana, no sé si de Ella misma o del mundo, musitaba una letanía interminable. En principio, pensé que se trataba de alguna canción del verano repetida sin fin en un tono monótono, carente de sentimiento, de ritmo indefinido, y sin embargo, era atrayente, hipnótico, como la seductora mirada del abismo cuando invita al suicida a abrazarlo. Llegué debajo de la ventana y la miré fijamente, me detuve a observar los detalles del concierto improvisado; era casi una anciana, su rostro reproducía fielmente las heridas del tiempo y su justicia inapelable, los rasgos eran acartonados, oscuros como la oscuridad del encierro, de la privación de la libertad aprobada por la pedantería de la vergüenza y el falso argumento de su incapacidad mental; pero juro que de esa carcasa condenada, carcomida, a simple vista vacía de vida, provenía una música añeja, arrítmica, perdida en el subconsciente colectivo, aséptica, carente de lírica, hueca, vacía, enloquecida, pero al fin y al cabo música; monosílabos encadenados con un fin inconsciente, alienado pero magnífico, el de hacer del aire un instrumento capaz de conmover, de hacer rielar el alma. Como los primeros, guturales, intentos de nuestras madres ancestrales de calmar la llantera de sus retoños en la inhóspita oscuridad de las cavernas antes de que existiera la palabra. Aquella pieza de arqueología condenada a la penumbra de una habitación, olvidada por los prejuicios insanos de la todavía latente España profunda hacia los retrasados mentales, intentaba reproducir los ecos de una canción insinuada tal vez a través de la puerta cerrada con llave, ladrada por un televisor siempre encendido, a todo volumen, para acallar los lamentos, que como aplausos inmisericordes, se sucedían a intervalos irregulares terminada la canción de la nada, la melodía del estertor y el olvido; y cientos de capullos de claveles blancos de celulosa, se arracimaban debajo de la ventana, como el fantasmal reconocimiento de un público inexistente, en el escenario sucio de la esquina que colinda la calle Briquets con las escaleras que suben hacia el mirador desde el que se puede contemplar gran parte de Barcelona, la ciudad natal del Padre al que nunca conocí, de las hermanas a las que tampoco conocía, la ciudad hermosa, cosmopolita, a la que escapaba en cuanto los compromisos laborales me lo permitían, la ciudad a la que la solista desastrada, sus padres, otros completos desconocidos, nunca le permitirían asomarse más allá de los lindes de esa visión encuadrada en un parking de reciente construcción, unas escaleras, una curva ascendente de asfalto y partes traseras de coches empotrados entre los pinos que habían sobrevivido a la masacre arquitectónica. Aplaudí la malograda interpretación de la que sólo yo fui testigo, como el homenaje al abandono que todo ser humano sufre en algún punto de su existencia, algunos durante toda ella; la miré a los ojos, esos ojos vibrantes, húmedos, que reclamaban como polillas nerviosas la limosna de una luz, de una mirada amistosa, despojados para siempre de una ternura que debería ser lícita a toda mujer y todo hombre, porque todos somos hijos del éxtasis y su limbo de papel en blanco en donde escribir una historia. Ella ( la mujer ) pareció responder a mi mirada, y sin saber cómo, sin haber conocido nunca esa mueca en el rostro, pareció esbozar una sonrisa, enmarcada junto a esas pupilas verdes que se mecían como juncos en el barro de un rostro modelado sin fin por días iguales de agua turbia.

David Omsk 06-07