MEDIODIA

may
12

La televisión, ha asesinado más poemas que la ignorancia,
escribo esto, mientras golpeo el saco de polvo
esperando encontrar algo más que telarañas.
Huele a viejo y estoy cansado de respirar.
Hay un rostro arrugado sonriendo bajo el agua del lavabo,
y no puedo gritar porque todos están hipnotizados con las imágenes;
se que no me escucharían, y el poema se retuerce
como una víbora partida por la mitad.
Son como salamandras idolatrando a una farola
y yo el gran cazador olvidado al fondo de la nevera,
el aceite negro pegado a la sartén.
De ayer me duele la incomprensión y la falta de experiencia,
de hoy el olvido inmediato y la saturación de lo vivido;
soy un gigante acosado por las pulgas,
una baldosa sucia por la que continuamente
desfilan cucarachas borrachas.
No estoy loco, me olvido de ser normal.
Hay muchos silencios ahogados en ceniceros.
La lavadora gira sin agua, y amenaza con explotar
y ponerlo todo perdido de ropa manchada.
No entiendo porqué vuestra mierda se cotiza más que mi oro,
soy un toro sin cuernos embistiendo contra un muro de hormigón.
Hay demonios amarillos tatuados en mis dedos.
Mamá colilla mató a Papa colchón en una crisis de ansiedad
y alucinaciones provocadas por las pastillas.
Probablemente todos hemos estado bebiendo,
cambio dos elefantes rosas por una comadreja, ¿quién da más?
Los otros están arriba, yo estoy abajo, iros todos al carajo,
que mas da si a partir de las once me pongo borde
si vosotros ya estáis durmiendo en vuestras nubes de opio.
Meo mientras aprendo solfeo con el maestro viento,
me voy a Marruecos con mi alfombra agujereada de fumar.
En el bar de la esquina las niñas bonitas bailan
al son de la batidora de huevos.
Todo el tacto no es de seda, no todo el humo
proviene de un incendio.
Las bombillas encendidas y la comida en la mesa
como si alguien fuera a venir;
saben que todos están muertos
y sin embargo esperan,
con las máscaras sonrientes cubiertas de moho.
Yo espero impaciente el momento de hincarle
el diente a un muslo que asoma bajo una falda.
Detrás de las sábanas tendidas, se esconde la ropa interior.
La rama del olivo, y la mariposa de plástico,
y la pluma de pavo real encima del radiador,
todo mentiras, amputaciones que han sufrido las cosas hermosas.
La hora del café y del alzheimer en el sofá,
la hora de las malas noticias.
Llaman a la puerta y no quiero abrir.

David Omsk 01-02

 

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