No dormía, solo pensaba con los ojos cerrados, estirado en la cama demasiado pequeña, con los sobacos mojados de sudor, buscando imágenes en la oscuridad tras el telón de los párpados. Sólo había doscientas pesetas en mi cartera vieja, un carné de identidad arrugado al que se le levantaba el plástico y una tarjeta de la seguridad social manchada, con una raja en la parte de arriba. Me preguntaba en silencio cómo lo habían conseguido todos esos escritores, vivían en casas lujosas con vistas al mar, vendían miles de ejemplares de sus novelas, relatos o poemas, sin duda tenían estudios, habían hecho carreras, conocían a gente importante que les había abierto las puertas, cenaban en restaurantes caros, agua caliente, alcohol decente, mujeres guapas de piernas largas, buena publicidad para sus obras, cheques de seis cifras incluso antes de ponerse a escribir… Yo leía mucho, buscaba la fórmula del éxito en aquellas obras, pero no la encontraba, muchas me parecían una tarta de mierda con nata por encima y caviar y azúcar glasé. La mayoría de mis autores preferidos habían sido unos perdedores, borrachos, suicidas, neuróticos, enfermos, exiliados, eso sí, elogiados después de muertos. Yo no tenía ni siquiera el graduado escolar, me duchaba con agua fría e intentaba no tropezar con las baldosas amarillas, levantadas, que se movían como si estuvieran vivas.
Todo el mundo conocía a alguien que podría publicarme, prometían ayudarme a conseguirlo, pero eso nunca sucedía. No sabía escribir a máquina, ni siquiera poseía una, lo hacía a bolígrafo en cuadernos cuadriculados, poesía, relatos cortos… Mis lectores eran un puñado de amigos a los que les parecía bien mi visión del mundo. Una amiga, pintora, opinaba que yo era el mejor poeta de todos los tiempos; a mí también me parecían muy buenos sus cuadros, y no era cortesía. Esperábamos salir del agujero algún día mientras pasaba el tiempo y salían soles y lunas y días nublados. Yo no tenía trabajo aunque si muchos vicios, así que me duché y me fui a buscar algo, me tenían agarrado por los huevos, ellos habían ganado de momento.
David Omsk 07-01