Nadie con quien acabar la noche,
Nadie con quien compartir pasos
Descalzos, zozobrantes sobre la alfombra,
Ni la limosna de unas manos
Ni el glorioso sonido de una lata
De cerveza abierta a golpe de índice.
Nadie, solo el monstruo de uno mismo
Haciendo muecas monstruosas frente al espejo
Solo la noche como una vacía nevera abierta,
El tiempo detenido al otro lado de la ventana
El sonido perpetuo de los gorriones bajo el pecho,
Solo eso, sudando instantes como vidas
Girando inútiles bajo farolas en calles vacías.
Nadie que te encienda con sus reproches
Que te repruebe tu actitud suicida,
Sin embargo hay algo perenne en el abandono,
Algo que siempre está pese a que todo pasa
De largo después de mirar un rato a la jaula del mono,
Algo con nombre de mujer que huele a hombre solo,
Quizá esa arpía pugilística a la que algunos llaman poesía
Y no es más que necesidad fisiológica
Solo Tú y tus circunstancias de tinta en la página en blanco.
David Omsk 07- 2010