La primera

jul
26

Acariciando el clítoris de tu alma,
hasta que las estrellas de tu pelo
gritan mi nombre y llueven
espasmos azules de tus ojos,
observo cómo te conviertes
en serpiente de sábanas
mientras suenan campanas calientes,
y el rinoceronte de la noche
cae desmayado en baldosas etéreas,
y la luna es un espejo de suelo y distancia,
y crece mi arrogancia porque tu piel mengua
bajo el húmedo idioma de la lengua que te celebra.
Porque hay mucho que morder
y tan poco que decir,
hambre de ti sin apenas ruido,
sólo gotas saladas temblando
como labios urgentes,
sólo sonidos de turgencia y éxodo
perdidos en el cristal fragmentado
del silencio que resbala por tu piel extenuada
como un anuncio de sueño o suave brisa
en los párpados cerrados.
Pienso en cuanto he callado por conocerte,
y por hacerlo de nuevo,
volvería a esa oscura morada
de palabras sin nombre ni dueño,
en donde yacía apenas existiendo.
Eso ya no importa,
ahora todos los océanos de la sangre
vuelven a fluir con nuevos vértigos
sin atisbos de derrota.
Ahora las manos perseveran
y se diluyen en vastos horizontes de instinto
donde el tacto pelea con el tiempo,
resolviendo enigmas que sólo el azar conoce.

David Omsk 08-06

 

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