Intentando llenar el hueco, han surgido, Palíndromos de nadie refulgiendo
Ostentosos en el fosfeno de unos párpados cerrados,
Esencia última de una luz que no volverá más todavía existe,
Memorias de alpiste en el descarnado cráneo de un pájaro muerto
Y aún volando, observando desde lo alto cobardes erguidos
Como suricatos, auscultando el aire en busca de amenazas hereditarias,
A los más altos achaparrándose iguales a Stlaniks al llegar la noche Siberiana,
A las más guapas engordando, meras cerdas, en las corralizas del matrimonio,
A los declarados cuerdos tirar colillas al pasto, como retrasados mentales incendiando
Campos sólo porque el cine Americano recomendaba un cigarro después del sexo,
Las casas baratas desde lo alto, la frenética actividad de los barrios
Marginales durante la noche, descubriendo que la pobreza padece de insomnio,
He leído posado en una rama una frase escrita con spray rojo en la fachada
Del Ayuntamiento: “Sentado en una nube la urbe no parece tan perversa”
Y ha vuelto ha volar el pájaro, cicatrices de alas hendiendo el aire,
La delgada línea de la noche alzándose en armas contra el tiempo
En las periferias, perros de nadie mordiendo silencios
Germinando lentamente en ecos que, como todo, terminan por apagarse
Treinta aleteos más y habré llenado el hueco, trina el pájaro
A su sombra evanescente sobre el pavimento, que corre entre los coches
Y desaparece en los huecos lacrimógenos de las farolas al ganar altura.
Veintinueve aleteos y habré llegado a la Luna piensa el fantasma del pájaro
Y no hay nieves ni brumas mas transparentes que su deambular sonámbulo
Ese pretender y no poder porque la actitud se pudre y pierde
Una liendre en el cabello de un naufrago, un apreciar algo sin poder
Llegar a amarlo, una soledad a la deriva como la tuya
Feroz estroboscopia de nubes que no prostituyes
Porque no son tuyas y sin embargo te pertenecen,
Lejos de las aceras que lucen sus estandartes de orina en la esquinas.
Y de la hora feliz y sus mentiras embotelladas,
Veintiocho, veintisiete, veintiséis, veinticinco, veinticuatro,
Ya casi bastante lejos como para que no huela a hombre,
Los tejados solo labios implorando clemencia al cielo,
Apenas la incoherente mancha universitaria de un jueves por la noche,
Las mentiras para combatir el frío de los mendigos subiendo como humo
De los parques públicos, las copas de los árboles como ojos, allá abajo,
De donde te gustaría alejarte para siempre, te mientes y subes,
Subes como el sueño de un misántropo, veintitrés,
Que algarabía marítima, desordenó los matices del cielo y lo volvió todo negro,
Veintidós, veintiuno, ya no ves nada, ya no queda selva
Que puedan escrutar los leones negros de tus ojos, ya no queda oxígeno,
Caes, el desenlace era inevitable aprendiz de ICARO,
Veinte, diecinueve, dieciocho, dieciséis, quince, catorce, trece, doce,
Metros para llegar al suelo, once, diez, nueve, ocho,
Impacto inminente, sonido de sirenas, repiqueteo de campanas
En una iglesia cercana, siete, seis, cinco, cuatro,
El suelo acercándose, donde siempre estuvo, tres, dos, uno
Solo, sentado en el suelo, un pájaro de vómito entre las piernas.
David Omsk 02-2010